Dejé de lanzar suspiros al viento,
como quien manda balizas de auxilio.
Me volví silenciosa, esquivando al caminar.
Ramas secas para no despertar a los depredadores.
Me fundí con la tierra, deseando pasar desapercibida.
La multitud, obnubilada, mira al cielo
Mientras yo estudio el suelo bajo mis pies.
Aprendo de las corrientes de los ríos,
Me dejo llevar por el aire que me eleva,
Y mastico tierra y azufre para fortalecerme.
Localizo un lugar seguro, ahí, donde nadie busque,
Para parirme a mí misma sin espectadores.
Pero, para que eso ocurra,
He de profundizar aún más en aquellos lugares,
Donde la luz aun llega, pero pocos se atreven a transitar.
De "Mi alma y tú, Minotauro"
No hay comentarios:
Publicar un comentario