sábado, 5 de septiembre de 2026

Andrea Bleda Nieto. Echar de menos y el dolor parecen sinónimos

Me duele el pasado.
He perdido mucho de lo importante,
de eso que te moldea y te da forma.
He perdido muchas de esas piezas esenciales, 
insustituibles, 
imposibles de rellenar, 
de esas que aprendes a vivir con los huecos. 
   
La pérdida. 
El duelo. 
El silencio que hay tras el vacío;
el silencio que se esconde
en el interior de una misma. 
  
Detesto echar de menos;
pero si algo he aprendido de echar de menos, es 
que cuando consigues abrazar
al recuerdo y al olvido, perdonar, 
perdonarte
lo suficiente antes de la entrada de la madrugada, 
puedes concederle alas al dolor, 
y hacerlo más ligero. 



De "Entre flores secas"

viernes, 4 de septiembre de 2026

Idea Vilariño. Cuando compre un espejo

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues que otra manera hay decidme
qué otra manera de saber quien soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
me miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío 
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirareme 
como esa extraña vez -mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré ésa soy ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos. 
   

   
En "Poesía completa"
   

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Gloria Fuertes. Poema práctico

el amor es una enfermedad
que -como casi todas- se cura en la cama.



De "Poemas prácticos más que teóricos"


martes, 1 de septiembre de 2026

Clara Janés. La facilidad del aire...

La facilidad del aire echa a volar las imágenes,
las palabras se amontonan sobre mí 
como en un almiar dorado.
Transcurre azul el beso de su aliento
que llena de sentido cada brizna de paja.
Y huyen las aves ocultas,
asustadas por la paradoja de los conceptos
hacia un horizonte nulo,
rotos los lindes
en el tornasol que va a ser a sueño.



De "Paralajes"
En "Movimientos insomnes"
    

Delmira Agustini. Cuentas de fuego

Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia,
deshojar hacia el mal el lirio de una veste...
-La seda es un pecado, el desnudo es celeste;
y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.-

Abrir brazos...así todo ser es alado;
o una cálida lira dulcemente rendida
de canto y de silencio...más tarde, en el helado
más allá de un espejo, como un lago inclinado
ver la olímpica bestia que elabora la vida...

Amor rojo, amor mío;
sangre de mundos y rumor de cielos...
¡Tú me los des, Dios mío!



De "El rosario de Eros"

lunes, 31 de agosto de 2026

Claribel Alegría. Lluvia

Te escucho
lluvia
te escucho
y sé que te escucharé
cuando empapes
mis cenizas
bailando sobre mi tumba.



De "Otredad"

domingo, 30 de agosto de 2026

Alfonsina Storni. Tu dulzura

Camino lentamente por la senda de acacias,
me perfuman las manos sus pétalos de nieve,
mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve
y el alma es como espuma de las aristocracias.

Genio bueno: este día conmigo te congracias,
apenas un suspiro me torna eterna y breve...
¿Voy a volar acaso, ya que el alma se mueve?
En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias.

Es que anoche tus manos en mis manos de fuego,
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego
llenóseme la boca de mieles perfumadas,

tan frescas, que en la limpia madrugada de estío,
mucho temo volverme al caserío,
prendidas en los labios mariposas doradas





De "El dulce daño"
(Antología mayor de la editorial Hiperión)

viernes, 28 de agosto de 2026

Alejandra Pizarnik. Tu voz

Emboscado en mi escritura
cantas en mi poema.
Rehén de tu dulce voz
petrificada en mi memoria.
Pájaro asido a su fuga.
Aire tatuado por un ausente.
Reloj que late conmigo
para que nunca despierte.



Anne Mette Overgaard Jensen. Prólogo

No todo viaje se mide en kilómetros.
Hay desplazamientos que ocurren en la piel,
en la manera de sostener el silencio,
en la forma en que una voz aprende a no esconderse.
  
Este libro nació de un cruce.
Un lugar sin coordenadas,
donde el viento todavía empuja 
y la luz ya empieza a quedarse.
  
El viento enseñó la forma:
cómo mantenerse en pie,
cómo no desbordar,
cómo doblar la emoción como un abrigo
y guardarla para después.
La luz llegó sin pedir permiso.
No explicó: ardió. 
Mostró que el cuerpo también piensa,
que el deseo no es una falta,
que existir puede ser una afirmación. 
  
Entre ambas fuerzas se abre esta escritura.
No como una batalla,
sino como una conversación lenta,
una respiración que aprende a no elegir bando.
  
Aquí la infancia es un clima,
el idioma una casa que a veces se rompe,
los trenes un pulso que no sabe quedarse,
el sur una llamarada que enseña a ocupar espacio,
el espejo una puerta,
el cuerpo un territorio que deja de pedir disculpas.
  
Nada de lo que se dice ocurrió exactamente así. 
Pero todo ocurrió. 
La memoria no repite: transforma para poder decir.
Hace de la herida metáfora, 
del temblor lenguaje, 
del paso una forma de permanencia.
  
Cada poema es una habitación abierta.
Entre la niña del horizonte blanco,
la joven de líneas rectas, 
la mujer que aprende a no apagar su luz.
Se sientan juntas.
Respiran.
Por primera vez, no tienen que justificarse.
  
Este no es un libro de llegadas.
Es un libro de sostener.
De aprender a habitar la contradicción 
sin romperse, 
de aceptar que la casa no siempre tiene muros,
de reconocer que el hogar puede ser un cuerpo
que por fin se queda en sí mismo.
  
Si algo desean estas páginas 
no es ser entendidas, 
sino acompañar.
Que quien lea encuentre su propio cruce,
su propio viento,
su propia luz
y ese lugar secreto donde ambas fuerzas 
dejan de empujarse 
y empiezan a conversar.



De "Entre el viento y la luz"

jueves, 27 de agosto de 2026

Lola Roda. He aprendido a mirarme sin pedir perdón

Durante años, 
cada vez que me miraba al espejo
buscaba disculpas. 
  
Por las veces que fui demasiado, 
por las veces que no llegué. 
  
Me pedía perdón por llorar, 
por arder, 
por quedarme cuando debía huir. 
  
Hasta que entendí
que no era culpa mía sentir tanto. 
  
He aprendido a mirarme sin pedir perdón, 
a acariciarme con la mirada
como quien perdona una vida entera. 
  
Ya no me escondo tras los «estoy bien».
  
Ahora me nombro sin miedo, 
me abrazo con todo lo que fui, 
incluso con lo que ya no quiero ser. 
  
No soy la que se salvó del fuego. 
Soy la que aprendió 
a arder
sin desaparecer. 
Sin dejar de ser. 
  


De "La ternura también arde"