Acabaron con los restos de lo que fuimos
y truncaron nuestras vidas
a fuerza de balas,
con explosivos negros
que machacaban a cada paso
las tiernas ilusiones abandonas.
Nos separaron
con arabescos de hierro forjado
con mares que nos ahogan
con desiertos que nos entierran.
Y descubrimos en silencio,
que nos arrebataron
la tranquilidad de contemplar
la belleza de la noche
a través de los versículos del Corán.
Que ya no podemos soñar
sin oír que los latidos
de nuestras casas se apagan.
Que ya no podemos llorar
porque nuestras lágrimas
las reservamos
para acontecimientos importantes.
Y caminamos en silencio
intentando no molestar
mientras el cielo
aun nos caía una lluvia de fuego,
que logra iluminar, por un instante,
nuestra mirada
y somos conscientes
de que seguimos atrapados
entre la desgracia
oscura y dorada
que nos rodea.
En "Más allá de Sherezade. Poesía contemporánea de Mujeres del Magreb. Volumen I. Memoria, exilio e inmigración"