Te pesaban las alas.
Una espuma de espinas te acosaba la boca
–Y el mar no se extinguía–
Era todo posible,
cuando el alba
tocaba los brazos del ocaso
y tu lengua-azucena se posaba,
como un pájaro
en lejanas palabras aprendidas.
Y la cuna otra vez, para tu pecho
de almizcle y yerbabuena.
Solamente la voz, porque los dedos
te dañaban la frente
y un arroyo de sal te acorralada.
–Te cansas de cantar?–
Te pesaban las alas,
y el mar no se extinguía...
No hubo magia, ni ángel, ni canciones
desplegando tu aire enrarecido.
Implacable la muerte, poco a poco,
aserrándote fue,
como una negra
flor de pesadilla.
De "Del dolor y las alas"
En "He cantado en la noche. Poesía reunida"