viernes, 28 de agosto de 2026

Alejandra Pizarnik. Tu voz

Emboscado en mi escritura
cantas en mi poema.
Rehén de tu dulce voz
petrificada en mi memoria.
Pájaro asido a su fuga.
Aire tatuado por un ausente.
Reloj que late conmigo
para que nunca despierte.



Anne Mette Overgaard Jensen. Prólogo

No todo viaje se mide en kilómetros.
Hay desplazamientos que ocurren en la piel,
en la manera de sostener el silencio,
en la forma en que una voz aprende a no esconderse.
  
Este libro nació de un cruce.
Un lugar sin coordenadas,
donde el viento todavía empuja 
y la luz ya empieza a quedarse.
  
El viento enseñó la forma:
cómo mantenerse en pie,
cómo no desbordar,
cómo doblar la emoción como un abrigo
y guardarla para después.
La luz llegó sin pedir permiso.
No explicó: ardió. 
Mostró que el cuerpo también piensa,
que el deseo no es una falta,
que existir puede ser una afirmación. 
  
Entre ambas fuerzas se abre esta escritura.
No como una batalla,
sino como una conversación lenta,
una respiración que aprende a no elegir bando.
  
Aquí la infancia es un clima,
el idioma una casa que a veces se rompe,
los trenes un pulso que no sabe quedarse,
el sur una llamarada que enseña a ocupar espacio,
el espejo una puerta,
el cuerpo un territorio que deja de pedir disculpas.
  
Nada de lo que se dice ocurrió exactamente así. 
Pero todo ocurrió. 
La memoria no repite: transforma para poder decir.
Hace de la herida metáfora, 
del temblor lenguaje, 
del paso una forma de permanencia.
  
Cada poema es una habitación abierta.
Entre la niña del horizonte blanco,
la joven de líneas rectas, 
la mujer que aprende a no apagar su luz.
Se sientan juntas.
Respiran.
Por primera vez, no tienen que justificarse.
  
Este no es un libro de llegadas.
Es un libro de sostener.
De aprender a habitar la contradicción 
sin romperse, 
de aceptar que la casa no siempre tiene muros,
de reconocer que el hogar puede ser un cuerpo
que por fin se queda en sí mismo.
  
Si algo desean estas páginas 
no es ser entendidas, 
sino acompañar.
Que quien lea encuentre su propio cruce,
su propio viento,
su propia luz
y ese lugar secreto donde ambas fuerzas 
dejan de empujarse 
y empiezan a conversar.



De "Entre el viento y la luz"

jueves, 27 de agosto de 2026

Lola Roda. He aprendido a mirarme sin pedir perdón

Durante años, 
cada vez que me miraba al espejo
buscaba disculpas. 
  
Por las veces que fui demasiado, 
por las veces que no llegué. 
  
Me pedía perdón por llorar, 
por arder, 
por quedarme cuando debía huir. 
  
Hasta que entendí
que no era culpa mía sentir tanto. 
  
He aprendido a mirarme sin pedir perdón, 
a acariciarme con la mirada
como quien perdona una vida entera. 
  
Ya no me escondo tras los «estoy bien».
  
Ahora me nombro sin miedo, 
me abrazo con todo lo que fui, 
incluso con lo que ya no quiero ser. 
  
No soy la que se salvó del fuego. 
Soy la que aprendió 
a arder
sin desaparecer. 
Sin dejar de ser. 
  


De "La ternura también arde"

miércoles, 26 de agosto de 2026

Andrea Aranda. Ícaro

La Verdad es esa compañera
que hace surco en la tierra.
  
Ara y siembra despacio,
para que, al acompañarla
el tiempo exacto,
te nutras de su cosecha.



De "Mi alma y tú, Minotauro"



martes, 25 de agosto de 2026

Susana Benet. Buenas noches, madrugada

Que cante el pájaro
o los vecinos griten, 
o que un taladro 
perfore las paredes
  
como si se anunciara 
el final de los tiempos,
no será suficiente
razón para que el párpado
  
se despegue o que un sueño
profundo se interrumpa 
cuando uno tiene
el alma secuestrada,
  
y no hay golpe de luz
que la rescate. 



De "Buenos días, medianoche"

lunes, 24 de agosto de 2026

Sara Vial. Pues mutua fue la primavera verde

Pues mutua fue la primavera verde
y la humedad del mar en nuestra boca
y el canto de la alondra en nuestra copa
y el gigantesco azul que no se pierde.
  
Pues conociste el fruto que se muerde
en la mañana de oro que se invoca
y sabes de la playa que se toca
aunque de ti la sal ya no se acuerde.
   
Supiste de la flor y de la nube, 
la gota de rocío que nos sube
al paralelo azul, pero en la huella
  
ni con raíz salada ni con llanto
sabes al fin parar en la distancia
esta barca de otoños que se estrella.



De "En la orilla del vuelo"

domingo, 23 de agosto de 2026

Amparo Dávila. Ni un solo pájaro...

Ni un solo pájaro
en la noche
ni nada que nos retoñe
el cuerpo olvidó su rostro
su sombra
     su recuerdo



De "El cuerpo y la noche"
En "Poesía reunida"

sábado, 22 de agosto de 2026

F. Jarmouni. XVIII

Mañana, tal vez, ya no duela tanto.
Hoy, sin embargo, tu recuerdo es un diluvio. 
Mis ojos se llenan de ti y desbordan,
pero, entre lágrima y lágrima,
hay segundos en los que el mundo se calla
y la paz se asoma como un susurro tímido.
Aquí espero a que este silencio se haga constante,
un silencio que sana el alma.



De "Elegía a noches y lirios"

viernes, 21 de agosto de 2026

Blanca Varela. I

el pájaro escarlata te mira
(me mira)
  
diminuta
lisa estrella
único
eterno ojo de ave
vivo fuego azul
  
(lejos
en la tierra de la muerte
la mano que confundió días y sueños)
  
mirada única 
perfil de llama
tras su color inmóvil
todos los pájaros



De "Otros poemas"
En "Poesía completa"
   

miércoles, 19 de agosto de 2026

Olga Orozco. XV

Imágenes falaces! Laberintos erróneos los sentidos!
Anagramas intransferibles para nombrar la múltiple y exigua realidad!
Cada cuerpo encerrado en su Babel sin traducción desde su nacimiento.
Tú también en el centro de un horizonte impar, pequeño y desmedido.
Cómo era tu visión?
Era azul el jardín y la noche el bostezo fosforescente de una iguana?
Tenían una altura de aves migratorias mis zapatos?
Los zócalos comunicaban con andenes secretos que llevaban al mar?
La música que oías era una aureola blanca
semejante a un incendio en el edén de los niños perdidos en el bosque?
O era un susurro de galaxias perfumadas en la boca del viento?
Bebían de tu respiración la esponja palpitante y el insaciable pan?
Había en cada mueble un rehén sideral cuyos huesos crujían por volver a vivir?
Cada objeto era un ídolo increíble que reclamaba su óbolo,
su cucharada de aceite luminoso desde el amanecer?
Olfateabas la luna en la cebolla y la tormenta en el espejo?
Crecían entre tú y yo inmensos universos transparentes?
El mundo era una fiesta de polillas ebrias adentro de una nuez?
O era una esfera oscura que encerraba sucesivas esferas hasta el fin,
allí, donde estabas soñando con crecientes esferas como cielos para tu soledad?
Inútil cuestionario!
Las preguntas se inscriben como tu dentellada en el alfabeto de la selva.
Las respuestas se pierden como tus pasos de algodón en los panteones del recuerdo.



De "Cantos a Berenice"
En "Poesía completa"