miércoles, 20 de noviembre de 2024

Concha Méndez. Salgo a la calle...

Salgo a la calle y voy en ascua viva,
o voy temblando porque el mundo es triste.
Y vuelvo de la calle y entro en casa
y el mundo sigue triste sin remedio.
Y no es que falte un ángel en la estancia
que nos sonría, que nos hable al menos.
Y no es que falte un dios para las cosas,
ni ese deseo de pasar soñando
sin escuchar las quejas que en el aire
vagan por encontrar por fin el eco.



De "Niño y sombra"
En "Las Sinsombrero y un nuevo 27"
    

martes, 19 de noviembre de 2024

Olga Orozco. La casa

Temible y aguardada como la muerte misma
se levanta la casa.
No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

Porque día tras día
aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
han partido,
y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
la duración exacta de la vida.

Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
reclinados en las altas ventanas
como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
para restituir cada mirada a su propio destino;
y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria
(nos saluda:
el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las
(lentísimas puertas
como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha
lo mismo que aun disperso jardín que el viento recupera.

Contemplemos aún los claros aposentos,
las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival,
las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como
(las mariposas de la lejanía,
nuestra imagen fugaz
detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor
(inmortal de la melancolía,
y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
ese rumor tan dulce de la hierba;
y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante del mundo;
y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

Nadie pudo ver nunca la incesante morada
donde todo repite nuestros nombre más allá de la tierra.
mas nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y la tristeza,
aquello que quisimos.
Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
el oculto, el vedado,
con nuestra sombra eterna entre la sombra.

Acaso lo sabían ya nuestros corazones.



De "Desde lejos"
En "Poesía completa"

lunes, 18 de noviembre de 2024

Carolina Dávila. Hombres trepados en los techos...

Hombres trepados en los techos
revisan tanques, obstrucciones 
desechan animales 
muertos, a través de las rejas
en la distancia 
el mundo se despliega como un mapa desbordado
   
Río y selva 
palabras que comparten el mismo eco
y se funden en un escurridizo sustantivo
   
Antes del verde está la niebla
y antes de ella, el húmedo sueño de la lluvia
   
Cuando escuches el trueno me recordarás 
y tal vez pienses que amaba la tormenta,
dice Ajmátova desde otra violenta geografía
   
Relámpagos y truenos 
duran el tiempo preciso para creer 
que la tierra 
quedará suspendida en el destello
en un sonido recóndito e inerte
   
Cuatro días de música rígida 
multitud de gotas 
filos laboriosos sobre las tejas y el óxido 
   
A treinta grados
con sensación térmica de treinta y siete
y humedad del noventa y uno por ciento
me pregunto si alguien ama la tormenta
si alguien se pregunta si existe quien ame la tormenta
si hay cuerpos, justo ahora, que se aman mientras aman
la tormenta
   
La lluvia cae, es un muro
que deforma la realidad del paisaje
su ardua superficialidad y lo que esconde
   
: dardos envenenados, oro, lenguas moribundas lamen
con su última humedad cauces y raíces
   
El agua es el idioma que se impone
Su fuerza es la única voz 
No hay lugar
para diferencias interpretativas 
para debates sobre la legalidad o el progreso
   
Todo es mío -dice la lluvia 
Esa es su sentencia inapelable
Su palabra (des)hecha (en) carne y hueso



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
    

domingo, 17 de noviembre de 2024

Blanca Varela. Casi pájaro

Oh rayo inmenso, desierta flor que caes como el mar en la noche,
sin protección y ya perdida hace un sueño,
hace un paisaje de pequeños dientes rodando en la batalla. 
   
En tu justa morada bajo tierra,
bajo los cabellos infinitos del alba,
allí donde despierta una mujer con pulso de violín, 
de escoba o de serpiente,
allí, nítidamente flor, te desnudas inviolable,
casi pájaro con tu perfil de arena,
bajo tus ojos de alimento marino.
   
Toca vivir ahora con el ídolo que madura frente a tu pecho, 
semejante a tu propia caricia,
a tu eternidad de astro.
Y no será posible ver,
no se ha de contemplar tu luz endureciendo el agua
ni tu dorada saliva subiendo hasta la última sombra del día.



De "Ese puerto existe"
De "Poesía completa"

sábado, 16 de noviembre de 2024

Ajo. 10

Bastante tiene una
con lo que no tiene.



De "Micropoemas 2"

viernes, 15 de noviembre de 2024

María Paz Guerrero. Me repito...

Me repito
por eso hay tantas a la vez
tantas que se me escapan
tiro una red para atraparlas
las cazo
una por una
cuando una muerde el anzuelo
la siento, la amarro
a veces la torturo, un poco, nada más
para que no lo vuelva a hacer:
irse de mí. 



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
    

jueves, 14 de noviembre de 2024

Estefanía Cabello. Has venido, mirlo joven...

Has venido, mirlo joven,
a señalarme con tu blanco sonido
el camino que, entre tanta encrucijada,
me parece más correcto. 
   
No cese tu compañía. 
   
Que mis oídos hagan sendero 
silente a tu ensueño.
   
No me despierte otro arrullo nunca.



De "Muchacha con mirlo en las manos"
   

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Sara Torres. Los trabajos del amor

tu vida sirve
a algo
más allá de ti



De "Deseo de perro"


martes, 12 de noviembre de 2024

Luz Andrea Castillo. Trazas el paisaje...

Trazas el paisaje
henchida haces la faz
pero la noche
la que te hace ilegible
sin una extremidad
sin agua en qué llorar
pero la noche
la que te coge las manos
y te borra



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"

lunes, 11 de noviembre de 2024

Emilia Pardo Bazán. Jaime

II

Alma mía, pasó ya la noche,
la noche y su sombra,
y en ti y en los cielos 
despunta la aurora.
Alma mía, despliega esas alas
que inertes y rotas
plegaste cual suele
la herida paloma.
Alma mía, renace al consuelo,
renace a la gloria:
amable es el mundo,
la vida es hermosa.
Alma mía, poblose el desierto
de mirtos y rosas,
susurros, perfumes,
gorjeos y notas.



En "Las frases frágiles"