miércoles, 10 de enero de 2024

Florencia del Pinar. Canción IV

   Hago de lo flaco fuerte, 
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.
   La voluntad me condena
y en ello consiente amor,
donde por haberle temor 
hago del hilo cadena. 
No contradice mi suerte,
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.



En "Poéticas. Antología de mujeres del siglo XVI"


martes, 9 de enero de 2024

Teresa de Cepeda y Ahumada. Octava

Dichoso el corazón enamorado
que en solo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aun de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento, 
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.



De "Poéticas. Antología de mujeres del siglo XVI"


lunes, 8 de enero de 2024

Amaranta Caballero Prado. Este país es bueno para trabajar y para esconderse debajo del trabajo

I

La circunferencia de una plaza enorme
jaspeada de blancas,
            blancas ratas
es el entorno.
No,
es el contexto.
No,
el marco teórico.
No.

Nada de eso.

El entorno es naturalmente una pesadilla.

Es mi hogar.



En "Sombra roja. Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985)"

domingo, 7 de enero de 2024

Ana María Drack. Escribir a estas horas...

Escribir a estas horas
mientras los otros duermen
es algo que me gusta,
resulta clandestino,
parece que le robo
a la noche sus ideas
o que aprovecho el tiempo
como una hormiga atómica.
Lleno los ceniceros de colillas,
tabaco que consumo arreglando
Los problemas de siempre.
Otras veces es solo
pensar en voz muy baja
si mañana hay proyectos
de vivir con paciencia.


De "Poemas con patatas y una margarita"


sábado, 6 de enero de 2024

Claribel Alegría. Cada vez

Cada vez
que los nombro 
resucitan mis muertos.



De "Saudade"


viernes, 5 de enero de 2024

Concha Lagos. Mañana

Asustadizos nadadores
clavamos en la orilla sueño y ancla.
Niños falderos 
asidos a la madre,
gorrioncillos de vuelo corto
piando estremecidos. 
   
Todo es mañana.
Ningún pájaro supo de alas tan prodigiosas,
de vuelo tan audaz.
   
Libres a pleamar, a pleno cielo.
Libres!
Una luz cenital va a desvelarnos 
la tanta sinrazón del oleaje,
que una y mil veces
nos arrojó sobre la orilla.
   
Mañana!
Su espuma reluciente veo,
su luz, nimbándonos de un nuevo iris, 
hasta saber la escala de ignorados colores.
   
Hablándonos a todos,
tal vez mañana oigamos 
el silencio de Dios.


De "Teoría de la inseguridad"


jueves, 4 de enero de 2024

Ana Istarú. Autobiografía

   Soy una sombra diminuta 
entorpeciendo la vasta cavidad del tiempo.
   
   Y mis deseos son los rasguños 
que florecen en la pared fecunda
de su vientre de húmedo barro.
   
   Un destello de soles, instantáneo, 
ciego, será mi cuerpo.
   
   Y no habrá quien me recuerde,
a mí, polvo de luz, dorado y muerto.



De "Palabra nueva"
En "La Estación de Fiebre y otros amaneceres"

miércoles, 3 de enero de 2024

Sara Torres. De niña yo soñaba...

De niña yo soñaba
con caminar acompañada
por un pequeño animal
que fuera mi amigo

si me lo ponían delante
empujaba el carricoche 
con la muñeca pelirroja

me gustaba el juego del cuidado
le daba de comer
cambiaba sus pañales
replicando los gestos
que tan recientemente
habían hecho conmigo

luego, en ausencia de juguetes
y rituales de género
ataba la cajetilla de ducados
de mi madre 
a un cordel largo

la sacaba a la calle
la paseaba 
la llamaba cariño



De "Deseo de perro"


martes, 2 de enero de 2024

Pino Betancor. A mis viejos libros

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
Violeta Parra

Volver a los diecisiete
es regresar a vosotros,
mis viejos, amados libros.
Es reencontrar a Colette,
grandes ojos, risa abierta.
   
Joven hasta en la vejez.
Es descubrir a D'Annunzio
recorriendo los salones
de un palacete italiano.
Terciopelo, sedas, lujo.
   
Y a Mimí Bluette, de Verona.
Frágil, dulce bailarina.
Atravesando desiertos,
buscando un amor perdido
entre metrallas y auroras.
   
De Rabindranath Tagore
la India inmensa y misteriosa.
Perfumadas flores blancas 
me llegan entre sus hojas. 
Y un Suave viento del Este

de Pearl S. Buck viene y me envuelve
con su perfume oriental.
Henry Barbusse en Sucesos
me presenta a Luisa Michel,
maestra y revolucionaria,
   
tan tierna y dura a la vez.
De Stebdhal su Rojo y negro.
La pasión devoradora 
de dos seres abrasados
que me hacen estremecer.
   
Ay, tantos libros lejanos.
La sirena... de Casona.
Las flores... de Baudelaire.
Platero... de Juan Ramón.
Y Bécquer. Y Turgueniev.
   
Después vendrán los otros.
Poetas y narradores.
Los mensajeros de sueños,
de la belleza y la vida.
En Pablo Neruda encuentro, 
   
junto a sus ojos lejanos,
20 poemas de amor
y un amor desesperado.
García Lorca lleva
todo el sol de Andalucía 
   
sobre su frente morena,
y en sus ojos la alegría.
Ay, Federico García:
Verde que te quiero verde
con la risa entre los labios,
   
el corazón te rasgaron 
los fusiles de la muerte.
Miguel Hernández tenía 
los ojos grandes y claros.
Señor de los limoneros.
   
Pastor de los cielos altos.
Y Rafael me regala
de Cádiz un mar azul
y un pedacito de playa,
y el canto de un marinero.
   
En Walt Whitman descubro
una voz hecha bosque
en sus Hojas de hierba.
Savia nueva en sus manos
solidarias de hombres.
   
De América Latina,
con nombre de mujer,
llegan las voces claras
de Juana y Alfonsina,
de Delmira y Gabriela,
   
y aquella que llamaban 
Juana Inés de la Cruz,
félix de las Américas. 
Todas van regresando,
volviendo a mi memoria.
   
Después, en el camino,
otras fueron llegando.
Con nombres diferentes,
y con distintas voces.
Todas me han ido dando
   
su riqueza escondida
como piedras preciosas.
Y es tan intensa y clara
que nada es comparable
a la luz que me entregan. 
   
Porque los libros dejan
su perfume en mis manos,
y son dulce presencia
de otras vidas vividas.
   
Volver a los diecisiete 
es regresar al pasado
y encontrarme con vosotros 
en el silencio, esperando.



De "Las dulces viejas cosas"
En "Sombra de rebeldía"
    

lunes, 1 de enero de 2024

Piedad Bonnett. Miserias de la palabra

Cuando
irremediablemente debo detenerme 
en tu umbral,
allí donde comienzas, donde acabas,
donde quiere
sembrar mi fuego un incendio indomable,
la palabra es apenas una muleta rota,
una pobre agonía aleteando.
   
Y si en la plana miseria de los días 
entra a saco la muerte, 
abrupta siempre, como un toque a la puerta
en una madrugada,
y sin embargo
el sol cumple su cita sin hacer aspavientos 
y el estornino canta sobre el árbol,
como un puño que pega a una pared
inútil nace la palabra, y sorda.
   
Y si de pronto
un viejo olor inaugura la tarde
y ese niño que eras te saluda 
azul desde su eterno paraíso, 
y no logras saber cómo era el rostro
de tu padre, en su siesta o en su hora,
la palabra
cómo tartamudea, cómo tiembla
como una brújula que ha perdido el norte. 
   
Si la luna es tan luna
que sube la marea del corazón, 
naufraga la palabra.
   
Si la mirada 
roza la piel y hace nacer el deseo,
se quema la palabra.
   
Si Dios tira sus ases,
trampea alegremente en tus narices,
escapa la palabra.
   
Y sin embargo,
para llamar la luna,
para hablar del deseo,
para llorar a Dios,
como una vieja meretriz desnuda
impúdica se ofrece la palabra. 



De "Nadie en casa"
En "Lo terrible es el borde"