viernes, 28 de febrero de 2025

Francisca Aguirre. Mi hija y yo recorremos las calles...

Mi hija y yo recorremos las calles
con la esperanza de encontrar el mar.
Es domingo y las calles brillan quietas
en este atardecer del mes de mayo.
La ciudad tiene aire de aula de colegio
que aún conserva las voces de los niños.
Mi hija y yo paseamos despacio,
navegamos los bulevares largos y desiertos
confiando en que el aire nos sorprenda
con el olor a brea de la costa.
Y algo de marinero hay en la tarde:
una melancolía de marea,
un rumor que se pierde en la arboleda
distribuyendo pájaros y peces.
Mi hija y yo cruzamos las aceras,
mientras la tarde lucha por quedarse:
todo late despacio como el mar.
Cruza el aire un vencejo solitario
y al volver una esquina, sonriente,
nos saluda la luna.
   
Oh ciudad, caracola de cemento!



De "Prenda de abrigo"
  

jueves, 27 de febrero de 2025

María Mercedes Carranza. Encuentros con el enemigo

Ocurre ya bien entrada la noche. De repente
los motivos del día quedan en suspenso.
Una música que en otras horas
le hubiera traído nostalgias impacientes
la oye ahora como palabras y palabras.
Llama por teléfono a alguien
y alguien no está o sí pero es igual.
Piensa en el que ama y ve con claridad
que ese amor es la violeta del sueño que no existe.
Los rostros perdidos vienen uno a uno a su memoria,
indiferente los mira y los deja pasar de largo.
Entonces ocurre el miedo porque sí
y ya nada queda sino el abandodo.
A la mañana siguiente, irresponsable y cotidiana,
amará de nuevo y sin pudor
a todos los fantasmas de la noche pasada.



De "Tengo miedo"
En "Poesía completa"
    

miércoles, 26 de febrero de 2025

Vanesa Liñero. Si no hay ayer...

Si no hay ayer,
si el hoy no es presente ya,
si ahora se ahoga en cada minuto.
Qué somos?
Cuánto debemos al efímero tiempo?
Existimos ahora o morimos en el ayer?
Cuántas interrogaciones sin cerrar.
Cuántas sumas que restan.
Cuánto tiempo perdido
y no reconocido como nuestro.
El tiempo. 
Ese que junto a un calendario
solo marca surcos en el rostro:
arrugas, cicatrices, ojeras. 
Pasado, presente... ahora.
Tiempo,
  solo tiempo, ahora.
Detente, para, no corras!



De "Los versos que el viento no se llevó"
    

martes, 25 de febrero de 2025

Silvia Pato. 3

Luego, sobrevino el naufragio.
Ni siquiera las gaviotas advirtieron 
que el tsunami provocado por tus miedos
iba a destrozar este navío.
   
Sobrevino el naufragio en un suspiro.
Y ni los delfines avisaron 
que el oleaje exaltado del océano 
era provocado por tu cobardía. 
   
Luego, el naufragio sobrevino.
Y ni los cormoranes vieron
cómo, en medio de la noche,
arrancarte la máscara del rostro
para echar a pique esta embarcación. 
   
Sobrevino el naufragio en un instante
en el que asiste el bote salvavidas,
me abandonaste a mi suerte en la cubierta
y te alejaste sin decir adiós.



De "Poemas del naufragio"
    

lunes, 24 de febrero de 2025

Clara Lair. Nocturnos en Nueva York

3

Islita en que he nacido, Puerto Rico!
Pobre tierra cedida y entregada!
Leve paisaje... brisa de abanico...
día calcinador, noche extasiada.
Tierra ansiosa de qué? Nadie lo sabe!
Tierra sin rumbo, sin nivel, sin meta...
Eres igual a mí, fija e inquieta;
eres igual a mí, estanque y ave.
No queriéndolo ser, soy a tu modo:
sueño de lucha, despertar de entrega...
Y en mi siembra y mi flor como en mi siega,
dejas tu inútil pequeñez en todo.



De "Un amor en Nueva York"
En "De la herida a la gloria. Poesía completa"

sábado, 22 de febrero de 2025

Cristina Rivera Garza. 16

[Medicamentos]

Las ventosas de mis ojos sobre tu piel
el cataplasma de mis manos sobre tu piel
la penicilina se mi lengua sobre tu piel
el vendaje de mis palabras sobre tu piel
el ungüento de mi cuerpo que es tu propio cuerpo sobre tu piel.
Esta manta de piel sobre tu piel.



De "Los textos del yo"
En "Me llamo cuerpo que no está. Poesía completa"
    

Ángela Figuera Aymerich. Insomnio

La noche es una pobre bestia oscura
herida a latigazos por el viento...
Mis ojos desvelados
navegan en lo negro.
Mi corazón naufraga
entre el ansia y el miedo...
   
Y adentro, copo a copo,
se va tejiendo el verso.



De "Toco la tierra. Letanías"
En "Las Sinsombrero y un nuevo 27"

viernes, 21 de febrero de 2025

Concha Méndez. Ven, tristeza...

Ven, tristeza, mi hermana, que de mí misma vienes
engendrada de siglos, o tal vez de milenios,
ven a abrigar mis horas, no se sientan desnudas;
ven a esculpir en bronce la esencia de mis sueños!
   
Contigo veo el mundo, mejor, más verdadero;
tú no pones cristales a este sol de la vida 
para que al reflejarse nos parezca el reflejo
una verdad solemne, siendo vana o suicida.



De "Lluvias enlazadas"
En "Las sinsombrero y un nuevo 27"
    

jueves, 20 de febrero de 2025

Lucía Sánchez Saornil. Soñar, soñar siempre

Has jugado y perdiste: eso es la vida.
El ganar o perder no importa nada;
lo que importa es poner en la jugada
una fe jubilosa y encendida.
Todo lo amaste y todo sin medida.
Cómo puedes sentirte defraudada
si fuiste por amor crucificada 
con un clavo de luz por cada herida?
Sobre urdimbres de olvido van tejiendo
lanzaderas de ensueño otra esperanza
de un morir cotidiano renaciendo. 
Porque un nuevo entusiasmo nos transporta
a otro ensueño entevisto en lontananza
y en otra vida, el soñar, es lo que importa.



En "Las Sinsombrero y un nuevo 27"

miércoles, 19 de febrero de 2025

Olga Orozco. Un pueblo en las cornisas

Es un pueblo disperso por áridas distancias,
por épocas que dejan una mortal sentencia entre las piedras,
aquel que se levanta, tan obstinadamente,
como si en esos gestos repetidos a lo largo de sueños y desvelos,
guardáramos, también, la esperanzada imagen de todos nuestros gestos,
su lejano destino.

Envueltos desde siempre en el canto nostálgico del tiempo
como en una mortaja que interminablemente los irá oscureciendo,
esos pálidos seres,
apenas sostenidos por angustioso afán de la memoria,
detienen con desiertas señales aquel día que antaño los condujo a esa gran soledad
o a esa larga velada en que de pronto se consumió la vida.

Solamente la lluvia y los transidos huéspedes del viento
-remolinos de briznas, pájaros agobiados por un ala invencible,
o errantes humaredas que abandonan una trémula aureola-
rodean, vanamente,
una triste cabeza cuyo cuerpo cubrieron las paredes,
unas manos hundidas en la inmóvil corriente de largas cabelleras,
un semblante asomado a algunas flores,
a una página hueca,
a otro rostro sumido en lo imposible.

Mientras pasan y tornan nuestras cambiantes sombras,
y nuestra misma imagen se pierde en los espejos bajo aquellos que fuimos,
cada vez más incierta,
como labrada en inasible bruma,
ellos,
testigos de ese coro de ahogadas resonancias, de confusos olores,
con el que cada casa penetra con su aliento a través de las otras,
custodian, impasibles, nuestra eterna esperanza,
con igual lejanía que la de un corazón demasiado colmado.

Porque son ese pueblo cuyo ademán paciente convocamos como a un resto de amor,
como a un secreto que se ampara en el polvo,
como a un recuerdo único que en la sangre perdura para cumplir la antigua, sagrada profecía:
“Tan sólo el verdadero de todos cuantos fuiste contemplará caer la sombra de los siglos”.



De "Desde lejos"
En "Poesía completa"