lunes, 10 de marzo de 2025

Lucía Tarín. Para qué escribo?

Escribo por saber,
por creer,
por sentir.
   
Escribo por volver:
a existir,
a ser.
   
Escribo porque creo
en qué?,
no lo sé, 
   
quizás en mí.    
 


De "Versos a la luz de la luna"

domingo, 9 de marzo de 2025

Cristina Rivera Garza. III. Mercuriar

Caminaré bajo la lluvia, me dije.
   
Fue Ramón López Velarde quien alguna vez festejó esa costumbre heroicamente insana de hablar solo mientras describía, al mismo tiempo, el contradictorio prestigio de su prima Águeda.
   
El mercurio, que en condiciones normales tiene un color blanco y un brillo plateado, es un metal poco abundante en la corteza terrestre.
   
Cabe la posibilidad de que la persona que camina bajo la lluvia tenga frío y piense, mientras se aproxima, en una historia de la infancia.
   
Por alguna razón desconocida aparece en la página la palabra radiante.
   
Un niño, o una niña, podría saltar por horas enteras sobre los charcos que se forman en las banquetas.
   
Resbalar, que es siempre una posibilidad.
   
Hay gotas de agua que penden de la punta de una hoja que a su vez pende de una rama que a su vez.
   
A veces es posible capturar momentáneamente el reflejo que produce la luz sobre una superficie mojada.
   
Para caminar bajo la lluvia es necesario primero abrir una puerta.
   
La niña piensa en las palabras "soy libre" mientras extiende los brazos
y eleva el rostro hacia el cielo y despega los labios.
   
Hubo, alguna vez, una colina húmeda. 
Hubo, alguna vez, una ciudad mercurial.
   
Una mujer lo observa todo detrás de un parabrisas: la atroz algarabía de los niños que han dejado la escuela para correr sobre las banquetas
de un día nublado.
   
Alcanzas a oír las campanadas de la iglesia?
   
Hay algo sumamente melancólico en las viejas fotografías en blanco y negro donde lo que cuenta es, por cierto, el color gris.
   
La llovizna es una de las formas más ductiles se la felicidad.
   
Que alguien diga ya: el amor es sin duda un fenómeno atmosférico.
   
Resulta demasiado fácil perder un paraguas.
   
Nadie se detendría a observar la súbita formación de los cumulonimbos, las nubes que anuncian tormentas, en el cielo del atardecer.
   
Casi todas las tragedia son accidentales.
   
En El Diluvio, uno de los grabados que Gustavo Doré incluyera en su edición ilustrada de la Biblia de 1866, un tigre y unos cuantos humanos intentan poner a salvo a sus críos al colocarlos sobre una roca gigantesca.
   
Muerte por agua es el título de una novela de Julieta Campos.
   
"Existe una sensación de lloro y una quemazón en el pecho a medida que el agua desciende por las vías aéreas, luego viene esa especie de caída en una sensación de calma y tranquilidad", comenta Mike Tipton, fisiólogo y experto en supervivencia en el mar de la Universidad de Portsmouth en el Reino Unido.
   
Los ahogados suelen ocasionar una pena infinita.
   
En esta caja de mercurio que pongo en tus manos hay relámpagos y granizo y escarcha y truenos y dientes anodinos.
   
En la Disertación Médico-Práctica, en que se trata de las muertes aparentes de los recién nacidos, anegados, ahogados por el lazo, sofocados
por el carbón, y del vino, pasmados del frío, tocados del rayo, etc., y de los medios para revocarles la vida, escrita por el doctor en medicina José Ignacio Sanponts, socio de la Academia Médico-Práctica establecida en Barcelona y publicada en 1777, se sugiere que el beso, o algo que desde la distancia da la apariencia de ser beso, puede resucitar a los ahogados. 
   
Sueñan algo los cadáveres detrás de las cortinas de agua?
   
Uno siempre se pregunta después si todo podría haber sido distinto.
   
El ruido que producen las gotas de la lluvia al chocar contra las ventanas es, a veces, una forma de arrullo.
   
Y Wendy creció y buscó refugio detrás de un Gran Vidrio.
   
Es difícil saber dónde o cuándo se origina el gusto por palabras como overcast. 

Les Merveilleux Nuages es el título de una novela de Françoise Sagan, cuyo verdadero nombre era Françoise Quoirez.
   
El clima es todavía un fenómeno incontrolable.



De "El Disco de Newton. Diez ensayos sobre el color"


sábado, 8 de marzo de 2025

Gloria Posada. Abisag

Mis dedos se deslizan 
por mis cabellos
como solían hacerlo en el agua
   
Solo faltan en el cielo
los pájaros del mar



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"

viernes, 7 de marzo de 2025

Sandra Uribe Pérez. Las dos orillas

Tú estás en ambas orillas.
Lucía Estrada

Has entrado en el relámpago para beber de su luz
y luego de saciarte te descubres en la otra orilla.
   
Sientes cómo la niebla baja por tu garganta 
y comienza a apoderarse de tus palabras.
   
Experimentas el esplendor en su máximo frenesí 
y te sabes poseedora de la sombra.
   
Entiendes que todo lo oscuro se aposenta en tu lengua 
y las voces que fluyen se emparentan con el silencio. 



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
  

jueves, 6 de marzo de 2025

Catalina González Restrepo. Vejez

Para qué lentes si tenemos los ojos cerrados, 
si nuestras rodillas se han agrietado por la espera
mientras los niños las raspan corriendo.
   
Somos huérfanos de nosotros mismos
en ciudades de mañanas con luna
y sirenas constantes. 
   
Como aves de mar en cielos grises,
no sabemos cuántas vidas iniciamos.
   
Aplazamos los viajes,
ensayamos trajes que no nos quedan, 
concebimos hijos de extraños. 
   
Cuidamos bien nuestros refugios,
deseamos que una palabra nos detenga,
revelamos un secreto que nadie escuchó 
y ya lo hemos olvidado.



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
   

miércoles, 5 de marzo de 2025

Luz Andrea Castillo. Era un destino abandonar la casa...

Era un destino abandonar la casa
recoger
una a una
intactas
las migas de pan
y no volver a hallarla



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"

martes, 4 de marzo de 2025

Bibiana Bernal. Pájaro de piedra

Ser de piedra y creerse pájaro 
porque el viento propaga el polvo de las manos.
   
Verse ave en el reflejo,
aunque inmóvil sobre el asfalto, 
abrasado por la luz de las cinco de la tarde.
   
Saberse nido 
en un recodo del día que agoniza,
sin poder roer el aire.
   
Ser de carne y creerse hoja o pluma
y al final de la jornada ser quien cae.
   
Ser uno y creerse otro y otro y otro,
hasta anochecer sobre sí mismo
y volver al origen,
donde la arcilla no tenía rostro
y las alas no pesaban tanto.



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"

lunes, 3 de marzo de 2025

Tania Ganitsky. Fuegos confundidos

El sol poniente descendió hasta el extremo
de perderse entre otros fuegos.
A la mañana siguiente 
el cielo ardió distinto:
las nubes tomaron la forma de fantasmas 
y se detuvieron a llover sobre sus tumbas;
en lugar de cantar, los pájaros gemían. 
Si alguien alguna vez dijo hágase la luz
ese día dijo que la luz deshaga.
Los árboles fueron los primeros en quemarse,
sus inquilinos
se arrastraron por la hierba
que a mediodía estaba seca y despoblada.
Qué flores brotarían ese día en el infierno?
Qué condenado esconde,
entre el papeleo de sus culpas, un herbario?



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
    

domingo, 2 de marzo de 2025

Yenny León. Cuando los días se acaben...

cuando los días se acaben
y la hoja
ya no incube su raíz
   
sumergido en el reverso de las piedras
yacerá el vacío enloquecido de luz
   
las grandes pérdidas 
harán de la montaña
su centro
  
como puertos sin retorno
se acogerán a la memoria
sólo para darle forma al pasado
   
serán tan viejas en nuestros ojos
como el destino del agua.



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
    

sábado, 1 de marzo de 2025

María Gómez Lara. Astillas

Los verdaderos poemas son incendios
Vicente Huidobro

voy frotando una astilla contra otra
y es inútil
   
no habrá fuego
en mis restos de madera
   
pude rescatar del naufragio
un trozo de leña
   
hueco de tormenta
atravesado por tanta agua salada
   
lo quebré 
para inventar dos trizas que se juntan
dos chispas
que no estaban
el revés de un vacío un agujero
   
aquí sigo todavía estrellando mis astillas
   
nada que encender
y te haces humo 
nada que apagar
y eres ceniza



En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"