jueves, 24 de abril de 2025

Gabriela Mistral. La espera inútil

Yo me olvidé que se hizo
ceniza tu pie ligero,
y, como en los buenos tiempos,
salí a encontrarte al sendero.
   
Pasé valle, llano y río
y el cantar se me hizo triste.
La tarde volcó su vaso
de luz, y tú no viniste!
   
El sol fue desmenuzado
su ardida y muerta amapola;
flecos de niebla temblaron
sobre el campo. Estaba sola!
   
Al viento otoñal, de un árbol
crujieron los secos brazos.
Tuve miedo y te llamé:
"Amado, apresura el paso!
   
Tengo miedo y tengo amor,
amado, el paso apresura!"
Iba espesando la noche
y creciendo mi locura.
   
Me olvidé de que te hicieron
sordo para mi clamor;
me olvidé de tu silencio
   
y de tu cárdeno albor;
de tu inerte mano torpe
ya para buscar mi mano;
de tus ojos dilatados 
del inquirir soberano!
   
La noche ensanchó su charco
de betún; el agorero
búho con la horrible seda
de su ala rasgó el sendero.
   
No te volveré a llamar
que ya no haces tu jornada;
mi desnuda planta sigue,
la tuya está sosegada.
   
Vano es que acuda a la cita
por los caminos desiertos.
No ha de cuajar tu fantasma
entre mis brazos abiertos!
  


De "Desolación"
   

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