Cuando escuché
lo que callaba
la niña que fui,
salí del obituario
revisando atrezzo y acuarela.
Sentí el nudo de garganta,
el ala abarrotada
a la espera del impulso
que frenara
el balancín del ayer
con su simetría de las horas sobre las horas.
Cuando me despertó
mi propia voz,
salí, por fin, del obituario,
otorgándome
la liberación
y el beneficio de la duda.
De "Voz de espejo"
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