Sobre la arena la dejó el oleaje
y era un ángel golpeando en las rompientes,
su ala me alcanzó por las corrientes
que remontan los pájaros en viaje.
Era el pecho de un barco, el abordaje
del viento en su costado ennegrecido,
un alcatraz sonámbulo y perdido
que no alcanzó a volar desde su encaje.
Era la soledad aprisionada
en su propio huracán, la cima helada
de un pez petrificado en su madera.
Un espolón de sueño en embestida,
era la seca espuma de una herida
cicatrizada en otra primavera.
De "En la orilla del vuelo"
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