El mundo tiene bordes afilados
y me corto en cada esquina de su nombre.
Hoy, su ausencia es un grito que no cesa,
un ruido sordo clavado en el centro de mi pecho.
Nada tiene sentido.
El café sabe a distancia,
la luz lastima más que consuela.
El reloj avanza con torpeza,
y yo... Yo solo la espero.
De "Elegía a noches y lirios"
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