Volveré hasta el pueblo mío, como vuelve el ave
errante;
cansada de alturas y de espacios.
Volveré con la joyante luz de una atardecida; con el
último
rayo, peregrino de sol.
Con el último rayo de sol, rodando por las calles
empinadas
y culebreantes, recorreré los lugares que me vieron
niña;
y niña seré otra vez, cogida al recuerdo de las cosas!
Volveré a ver, la caravana silenciosa de mujeres que
van
por agua al kiosko;
cántaros rojos y brillantes, cántaros llenos de agua
zarca,
que desfilan en la tarde.
Volveré a oír las campanas de la Parroquia que llaman
para el Rosario; el Rosario que melancólico se
desgrana
entre las manos.
Y en la noche, iré a sentarme en la Plazuela a beber
atole.
Oh noches de mi pueblo calentadas con atole; atole con
sabor
de jarro!
Volveré hasta el pueblo mío, como vuelve el ave
errante,
a beberme la luna, en el atole de sus jarros.
De "Salmos bajo la luna"
En "Poesía reunida"
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