Ya no quiero partir. Estar, apenas,
estar siempre en mi tierra y en mi cielo,
los ojos sin deseos y sin duelo,
los párpados sin alas ni cadenas,
los crueles hombros y las manos, llenas
de olvido y de recuerdos: sin revuelo
de partidas, ni trémulas de suelo.
Manos tan mías. Manos, como ajenas.
Quiero permanecer. El día es breve
y en el poniente se atardece un leve
matiz cuando los cánticos ya cesan
y es mi vida una puerta que se cierra.
Ah, todos los caminos de la tierra
parten del corazón... Y a él regresan.
De "Este sabor de lágrimas"
No hay comentarios:
Publicar un comentario