Te levantas.
El mundo rueda ajeno a cualquier esfuerzo.
Suspirar es uno de los últimos reductos
de espontaneidad .-
.- Lo sabes.
De repente, una mano amiga.
La manifestación, como un rayo parte en dos
el mundo -ese mundo parpadeante en el suspiro-,
tomando forma de justicia, sensible como una
donación.
Solo entonces respirar es descanso:
entre el hombro amigo y la propia convicción
en el abrazo estrechado
resta continuada nuestra libertad.
De "Llamada del vacío"
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