Decía: Yo no soy la dicha.
Si tú me dices, yo me desdigo.
Insistía: Si tú me dijeras, yo sería la des-dicha-(da).
Añadía: Yo digo.
Yo soy mi propia dicha.
Concluía: dichosa yo que puedo decir.
Y decirte.
Cosas por el estilo le preocupaban a la Ex-Muerta,
la Emergida, la mismísima Concha Urquiza ahí,
sobre la arena.
De "Los textos del yo"
En "Me llamo cuerpo que no está. Poesía completa"
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