Inútil decir más.
Nombrar alcanza.
Idea Vilariño
Ya no calla mi mudez.
Ya no soy un grito afónico,
un llanto a deshora,
ya no guardo en las entrañas
el dolor frío.
La palabra fue domesticada
demasiado tiempo.
Fue primero el ta rtam ude o,
le siguieron el susurro y su sordera,
fue después el eco distorsionado.
En defensa propia,
en defensa ajena,
deletreé lo callado.
En el campo fértil del abismo,
abrí los ojos
y escuché, por fin,
mi propia voz,
conocida e inédita.
Mi nuevo lenguaje,
su sonido, su silencio.
Mi nueva forma de escuchar,
mi nueva forma de hablar al mundo.
De "Voz de espejo"
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