El verso sí fue mi patria
en la agonía sin nombre del exilio.
fue solaz y compañero muchas tardes
de aquella embriaguez de vino que hoy recuerdo.
El verso fue mi techo y mi quimera:
como línea ascendente en el declive,
el verso me ofrendó su primavera
de palabras,
de rosas y de olvidos.
Fue mi patria el verso enamorado de las noches,
y de mi alma crecían y crecían
los habitantes de la tierra nueva.
En él me refugié cuando el destino
me fue empujando por un desfiladero
de desamor,
de angustia y soledades.
Y él me cobijó en los desengaños.
Por él, que me nutrió con la esperanza,
ajena entre colores, vi la vida.
Él me dio su lenguaje y su medida
y,
en su honda largura
qué poca cosa, para mí, era la pena!,
hallando fui la patria que perdía.
El verso, sí fue un compañero fiel para la intensa espera de la vida.
Si agredida yo fui por las fronteras,
sí, sobre todo,
en el amor desconocida,
mi verso fue muralla y fue mi escudo.
Y, si al exilio las fuerzas me empujaron,
mi verso estaba allí,
también, tendido.
De "Los poemas de una mujer apátrida"
En "Soy éxodo y llegada"
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