Por donde la montaña
encauza el rumor del agua,
tan apacible como ensordecedor
dependiendo de cada época del año.
Allá lejos,
donde los pájaros
tenían un tibio y dulce sonido
acallado por la llegada del crudo frío.
Allá... allá a lo lejos,
alguien abrió los ojos y vivió.
Libre como el agua.
Sonriente como una obra de Mozart
salida por los picos de las aves
que proclamaban tranquilidad
y sosiego.
Serena como la nieve
que copo a copo iba cubriendo
todo lo que a su alrededor
estaba desvestido y esperando
ese blanco puro, en forma de manto.
Allá... allá a lo lejos quedó
una infancia enterrada
entre montañas cerradas y recias.
Mas la esencia primaria
no muere ni se entierra,
porque allá a lo lejos
los ojos, de vez en cuando
tienden a mirar.
De "Los versos que el viento no se llevó"
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