Ni escribir sobre los pájaros
ni fotografiarlos.
Sólo asistir a su vuelo.
Abandonar la intención
de eternizarlos en la palabra y la imagen.
Perpetuarse en la fugacidad
de su travesía por la mirada.
Callar, con las manos y con los ojos.
Callar, no para fingir el silencio
que dejan a su paso
sino para serlo.
En "Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)"
No hay comentarios:
Publicar un comentario