Hay noches de insomnio
que juegan con los pájaros de mi cabeza,
semillas que se desbordan a cámara lenta
entre pilas de ceniza y juicios.
Un horizonte de abetos sella el sueño.
La lejanía del cuerpo que falta,
la piel que sobra,
alimentan el golpe entre los picos.
Yo nunca quise mirar a otro lado,
descubrir mis hombros,
saciar el hambre,
la sed contenida.
Podré algún día caminar sin recelo?
En la duración de un soplido,
se esparcen las ambiciones por el aire.
No recuerdo cuál era mi nombre
-a Dios no le importa-,
un rumor humo de papeles distraídos.
De "Noches de insomnio"
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